jueves 19 de junio de 2008

Historias Secretas de la Última Guerra


HISTORIAS SECRETAS DE LA ÚLTIMA GUERRA
Varios Autores
Selecciones del Reader`s Digest, 1963. Miami, Florida, Estados. Primera edición.
Sinopsis: Volumen excepcional que destaca de toda la habitual literatura de guerra, lo que le da un valor único a muchos de los 43 dramáticos relatos aquí contenidos, escritos por sus mismos protagonistas. Avalan el volumen 23 espléndidas fotos, algunas de ellas realmente excepcionales, como la última imagen de Hitler en el bunker ya destruido, o el de la trágica farsa del imponente entierro de Rommel, obligado a suicidarse en secreto; ésta última foto fue concedida en exclusiva por la viuda de Rommel de su archivo personal . Además completan el libro 8 cartas geográficas, preparadas expresamente para esta obra, la cual esclarece la posición de los diversos frentes en los momentos decisivos del conflicto.
464 págs. 19 x 13.5 cms. Cubierta dura. Fotos, mapas. 0.508 kg.

A continuación brindamos un extracto del capítulo "La obra maestra del espionaje alemán":
" Un día de agosto de 1941 llegó a los Estados Unidos procedente de los Balcanes cierto caballero... existían razones para sospechar que pudiera ser un agente alemán y, en consecuencia examinamos con cuidado sus efecto, desde el cepillo de dientes a los zapatos, sin olvidar la ropa y los papeles. Mirando uno de los sobres del joven viajero, uno de nuestros agentes vió algo que brillaba cuando la luz hería oblicuamente el papel. Una motita había despedido un reflejo. Era una motita, un punto final en la parte anterior del sobre; una partícula negra no mayor que la cabeza de un alfiler.
Con infinita precaución, el agente introdujo la punta de una aguja en el borde del círculo negro y desprendió la mota. Era una partícula de materia extraña, incrustada en la fibra del papel y parecía un punto escrito a máquina. Ampliado 200 veces en el microscopio, resultó ser la fotografía de toda una página mecanografiada, una carta de espionaje, cuyo texto nos dejó pasmados:
"Existen razones para creer que los trabajos científicos de los Estados Unidos para la utilización de la energía atómica están haciendo algunos progresos, debidos en parte del empleo del helio. Necesitamos algunos informes continuos sobre los experimentos hechos en el asunto y más en particular sobre estos puntos:
"1. ¿Qué procedimiento se emplea en los Estados Unidos para transportar el uranio?
2. ¿Dónde se están haciendo los experimentos con uranio? (universidades, laboratorios industriales, etc.?
3. ¿Qué otras materias primas se utilizan en esos experimentos? Confíese este trabajo solamente a los mejores peritos."
¡Por fin habíamos descubierto las motitas! El servicio de espionaje alemán había encontrado manera de fotografiar una carta normal en un reducidísimo espacio. Aquello era precisamente lo que habíamos sospechado. En nuestros laboratorios habíamos logrado obtener fotografías múy pequeñas; pero el éxito sólo era completo en teoría por falta de la emulsión que los alemanes habían conseguidom perfeccionar.
El mecanismo productor de la motas microscópicas era increíblemente ingenioso y eficaz. Falsificaba con la mayor perfección un punto de mecanografía e imprenta. Por ejemplo, el joven agente balcánico, traía en el bolsillo cuatro impresos telegráficos en blanco, en los cuales había en junto once puntos que eran otras tantas liliputienses órdenes de espionaje. ¡Pegada debajo de un sello de correos, una pequeñísima tira de película con la reproducción de 25 cartas de una página escrita a máquina!..."
Usted puede obtener este libro en: www.ellibroviejo.com
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lunes 19 de mayo de 2008

Cuentos Peruanos


RELATOS DEL AMBIENTE NACIONAL
Aurelio Arnao
Editorial Rímac, 1939. Lima, Perú. Primera edición.
Contiene 30 cuentos inéditos. Prólogo de Aurelio Miro Quesada Sosa. Ilustraciones de Raúl Vizcarra.
343 págs. 21 x 16 cms. Cubierta cartoné ilustrada. 0.446 kg.
A continuación presentamos un extracto del cuento "El Pavoroso Cerdo Gris":
"... Un espectáculo pavoroso se presentó a sus febriles miradas, devolviéndole rápidamente sus instinto de conservación y de defensa animal. Cuatro cerdos -los contó uno a uno a pesar de su mortal postración- habían penetrado a la choza. Tres eran negros y uno, el más grande, gris, de un raro gris claro, de largo hocico armado de agudos colmillos; un temible berraco que avanzó hacia el muerto y de una dentellada le abrió un boquete en la garganta, por donde asomó la carne muerta de un rojizo pálido.
Con un pavor jamás sentido, Eloy cerró los ojos para huír de la visión infernal, pero sus oídos, que hasta ese momento habían estado ensordecidos por la fiebre, recuperaron su clara audición con tal sutileza que no necesitó ver para darse cuenta exacta del festín que se daban los cerdos con el cadáver, con sordos gruñidos de satisfsacción y un lento y baboso masticar de las carnes desgarradas. El pánico le había hecho reaccionar para luego recaer en una postración delirante. De pronto un repugnante olor hirió su olfato; eran las emanaciones insoportables de la vísceras extraídas del vientre del zambo. Una idea horrenda fulguró como una centella en la sombra de su cerebro. ¡Los cerdos harían lo mismo con él! ¡Y lo harían cuando aún estaban con vida! ¡No le quedaba ninguna esperanza! Metido en aquella choza, solo, rendido, por la fiebre del tifus, sin acción para alzar una mano, su horrible fin era inevitable y fatal...!
El festín continuaba cada vez más cerca de Eloy, tan cerca que sintió tropezar las patas de los cerdos con sus pies calzados con las botas rotas. De pronto Eloy lanzó un grito. Un hocico húmedo le hoceaba las piernas. Abrió los ojos encendidos de fiebre y vió a su lado al cerdo gris, tan a su lado que llegó a percibir su fétido aliento. Pero su delirio le hizo ver esta vez al cerdo gris más grande, mucho más grande, con el dorso enarcado y cubierto de cerdas, el hocico embadurnado con sangre y los menudos ojos diabólicos mirándole con tal intención, que aterrado, y por un esfuerzo instintivo de su naturaleza, se incorporó a medias para coger su carabina "Winchester" que estaba a su lado, pero se abatió nuevamente sobre las pieles de carnero que le servían de camastro y sintió la primera dentellada, penetrarle hasta el fémur. Gritó, gritó tan fuerte que el feroz monstruo gris se retiró hacia donde estaban los otros cerdos devorarndo la hedionda carroña. El dolor penetraba quemándole hasta el hueso, obligándole a retorcerse con los ojos desorbitados, viendo a ratos al cerdo gris, transfigurado, como unos de esos diablos que se aparecen a los que mueren en pecado mortal, según le habían enseñado desde niño. No había más que ver la maligna expresión de sus ojillos porcinos; su aspecto feroz y macabro y su cerdoso lomo que crecía desmesuradamente ante sus ojos delirantes. Esta vez por un último y poderoso esfuerzo de todo su ser, logró incorporarse y luchar a brazo partido contra el diablo, el diablo que venía para arrastrarlo en cuerpo y alma al infierno..."
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martes 13 de mayo de 2008

Memorias - Confieso que he vivido


Pablo Neruda
Editorial Losada, 1974. Buenos Aires, Argentina. Primera edición.
Memorias interrumpidas por la muerte del autor, y dadas a la luz póstumamente a los seis meses de su fallecimiento, según la ordenación efectuada por Matilde Neruda y Miguel Otero Silva. Retrato del autor en frontispicio. Cubierta ilustrada por Antoni Tapies.
A continuación brindamos un extracto del capítulo "Mis primeros libros":
"Me refugié en la poesía con ferocidad de tímido. Aleteaban sobre Santiago las nuevas escuelas literarias. En la calle Maruri n° 53 terminé de escribrir mi primer libro. Escribía dos, tres, cuatro y cinco poemas al día. En las tardes, al ponerse el sol, frente al balcón se desarrollaba un espectáculo diario que yo no me perdía por nada del mundo. Era la puesta del sol con con grandiosos hacinamientos de colores, repartos de luz, abanicos inmensos de anaranjado y escarlata. El capítulo central de mi libro se llama "Los crepúsculos de Maruri". Nadie me ha preguntado nunca qué es eso de Maruri. Tal vez muy pocos sepan que se trata apenas de una humilde calle visitada por lo más extraordinarios crepúsculos.
En 1923 se publicó ese mi primer libro: Crepusculario. Para pagar la impresión tuve dificultades y victorias cada día. Mis escasos muebles se vendieron. A la casa de empeños se fué rápidamente el reloj que solemnemente me había regalado mi padre, reloj al que él le había hecho pintar dos banderitas cruzadas. Al reloj siguió mi traje negro de poeta. El impresor era inexorable y, al final, lista totalmente la edición y pegadas las tapas, me dijo con aire siniestro: "No. No se llevará ni un sólo ejemplar sin antes pagarme todo". El crítico Alone aportó generosamente los últimos pesos, que fueron tragados por la fauces de mi impresor; y salí a la calle con mis libros en el hombro, con los zapatos rotos y loco de alegría.
Mi primer libro! Yo siempre he sostenido que la tarea del escritor no es misteriosa ni mágica, sino que, por lo menos, la del poeta, es una tarea personal, de beneficio público. Lo más parecido a la poesía es un pan o un plato de cerámica, o una madera tiernamente labrada, aunque sea por torpes manos. Sin embargo, creo que ningún artesano puede tener, como el poeta la tiene, por una sola vez durante su vida, esta embriagadora sensación del primer objeto creado con sus manos, con la desorientación aún palpitante de sus sueños. Es un momento que ya nunca más volverá. Vendrán muchas más ediciones más cuidadas y bellas. Llegarán sus palabras trasvasadas a la copa de otros idiomas como un vino que cante y perfume en otros sitios de la tierra. Pero ese minuto en que sale fresco de tinta y tierno de papel el primer libro, ese minuto arrobador y embriagador, con sonido de alas que revolotean y de primera flor que se abre en la altura conquistada, ese minuto está presente una sola vez en la vida del poeta..."
Usted puede obtener este libro en: www.ellibroviejo.com
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lunes 21 de abril de 2008


HITLER PARA 1000 AÑOS
León Degrelle
Editorial Solar, 1999. Bogotá, Colombia.
Sinopsis: Esta obra originalmente se llamó “Memorias de un Fascista”. Degrelle fue un líder belga que se unió como voluntario al mando de la División de la Waffen SS “Wallonia”, en la lucha por la nueva Europa. Luego, ya en el exilio, se intentó acallar su voz al proclamar verdades incómodas como la Gran Revolución. Con prólogo de Otto Skorzeny, incluye una sección titulada “Carta al Papa”.
288 págs. 19.5 x 13.5 cms. Abundantes fotos en blanco y negro.
A continuación brindamos un extracto del capítulo "¿Quién era Hitler?":
"Las Waffen SS, tan imbécil e injustamente criticadas, fueron eso: los aristócratas del heroismo, imponiéndose a todos porque eran los más valerosos, los más audaces, los detentadores de un ideal forjado a fuego y que se esforzaban porque triunfara.
Se ha hecho de ellos los furrieles de los campos de concentración.
Las Waffen SS, enteramente ocupadas en su combate, lo ignoraban todo de estos campos de concentración. Las cartas de nuestros familiares tardaban a veces un mes para llegar a nuestras manos. El recibir un periódico constituía un verdadero acontecimiento. Los combatientes no tenían la menor idea de lo que hacían los judíos y de los que podía hacerse con ellos en la Europa de retaguardia.
Cuando partimos para Rusia, ni un solo judío que supiéramos había sido detenido por ser judío, en ningún país de Occidente. Los judíos potentados habían tenido tiempo de sobra para largarse. ¡Que yo sepa, los Rotschild no abundaban en Buchenwald o en Dachau y en Auschwitz!
Los judíos ni siquiera representaban la milésima parte de la humanidad. Al oír el ruido que arman podría creerse que sólo ellos existen ya sobre la tierra.
En cualquier caso, la Waffen SS ignoró todo sobre la suerte de los judíos después de 1942, en que se renovaron antiguas tragedias: pues San Luis, que los expulsó de Francia e Isable la Católica, que los alejó de España, no eran, que yo sepa, hitlerianos.
Las Waffen SS reunían, en una formidable cohorte, como Roma y el Imperio de Napoleón no conocieron nunca, a los más heroicos soldados, no sólo de Alemania, sino de toda Europa. Los no alemanes fraternizaban en completa igualdad con los alemanes. A veces, era casi anormal. A nosotros nos trataban casi mejor que a los mismos compatriotas del Reich. Pocos alemanes fueron objeto del cariño y de la consideración de Hitler como yo lo fui, siendo jefe extranjero de una división Waffen SS extranjera.
Entonces, ¿por qué hubiesemos temido el porvenir, viendo la unidad europea que formábamos, entre un millón de jóvenes de veintiocho países diferentes, los más intrépidos, los más duros y los mejor armados de Europa? ¿Quién se hubiese atrevido a desafiarnos? ¿Quén nos hubiera resistido? El futuro ya no pertenecía a unos viejos intrigantes, objetos decorativos para futuros museos. Nos pertenecía a nosotros, jóvenes lobeznos.
Conocía a Hitler bien a fondo.
No temía formar equipo, en una Europa común, con un genio que ya había rebasado, políticamente las etapas de regiones y naciones.
-Después de la guerra- me decía- cambiaré el nombre de Berlín para que no se parezca como la capital de los alemanes solamente, sino la capital de todos.
El podía crear, forjar, unir.
¿A esta creación, arriesgada ciertamente -¡estábamos acostumbrados en el frente a todos los riesgos!- , pero exultante y a la altura de los más grandes sueños, cómo hubiésemos preferido nostros, el retorno al concubinato sórdido con los regímenes pequeños y burgueses, sin grandes vicios, sin grandes virtudes, bajo los que la Europa desunida hubiera continuado vegetando, como antes de la guerra, en la mediocridad más negativa...?
Con Hitler arriesgábamos mucho, es cierto. Pero arriesgábamos a lo grande.
Es entonces, cuando ya habíamos conjurado las dudas más graves y preparado los más elevados designios, que la adversidad cayó sobre nosotros, derrumbándose como una enorme muralla, el día en que, bajo los cielos blancos y helados del Volga, retumbó el siniestro crujido de la capitulación de Paulus en Stalingrado..."
Usted puede obtener este libro en: www.ellibroviejo.com
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viernes 11 de abril de 2008

El Danubio


Emil Lengyel
Editorial Futuro, 1944. Buenos Aires, Argentina. Primera edición.
Este libro es una biografía del río Danubio, que muestra toda la historia, cultura, pueblos, folklore y anécdotas ligadas a él a través de todos los siglos. 283 págs. 24 x 16 cms. Cubierta dura cartoné.
A continuación brindamos un extracto correspondiente al capítulo III - "El Danubio Rojo":
"Al caer Constantinopla en manos de los turcos, la mente superticiosa medieval fué presa de un pánico tan elemental como el que le inspiraba la propia Muerte Negra. La guerra "totalitaria" lanzada por las hordas del sultán resultaba aún más mortífera por la absoluta falta de resistencia opuesta por los países occidentales. La Edad Media había encaminado a la humanidad occidental hacia un callejón sin salida. En lugar de construir un mundo pleno de amor cristiano, las Cruzadas no habían hecho más que perpetuar el estado de guerra. La religión se convirtió en iglesia institucional con un poder ilimitado, y la corrupción debilitó su santo cometido. Las llamas de la pira inundaban los corazones de terror y prevenían la investigación de los pensadores acerca de los infinitos misterios de la vida. Toda la Europa occidental se convirtió en un inmenso cenagal. Los principados danubianos clamaban por ayuda, pero su voz era desoída. El Sagrado Imperio Romano se preocupaba por el alma de los herejes. No tenía tiempo para pensar en los turcos. Las ricas ciudades italianas se estaban destruyendo entre sí y Francia se hallaba liquidando la Guerra de los Cien Años. De entre los los rescoldos de la pira se levantaba el humo del odio y el Oeste continuaba paralizado. Fue entonces cuando los turcos ocuparon la capital oriental de la Cristiandad. El camino quedaba abierto para la incursión hasta el Danubio medio.
Valaquia resultó impotente para contener la fuerza del golpe y finalmente celebró un acuerdo, hatti-cherif, con el sultán turco, quien se convirtió en "protector" por la modesta suma de 11,000 piastras, 40 halcones y 40 caballos anuales. El sultán no habría de interferir en la elección del príncipe o construir mezquitas o establecer colonias turcas en su territorio. Concedió a los principados danubianos el raro privilegio de permitir el tañido de las campanas de las iglesias.
Algunos príncipes trataron de alcanzar un cierto grado de independencia. Uno de ellos fué Vlad, a quién sus contemporáneos aplicaron el mote de Dracul, Diablo. Ordenaba que a todos los enviados del sultán les fueran clavados los turbantes en sus cabezas y luego los suspendía de altos postes para "honrarlos mejor". El sultán despachó al pachá de Vidin para deponerlo; Vlad lo colgó de la torre más alta de la empalizada de la ciudad. El sultán envió sus ejércitos contra el rebelde y al aproximarse a su territorio encontraron un enjambre de postes con los cuerpos de hombres, mujeres y niños pendiendo del extremo superior de los mismos. Vlad acostumbraba celebrar banquetes en compañía de sus víctimas, sobre cuyas heridas derramaba sal. No sólo los inocentes, sino también los culpables experimentaban el rigor de su ira. Los salteadores de caminos y los ladrones eran castigados sin piedad. Se nos asegura que en su tiempo todas las puertas de Valaquia podían dejarse abiertas sin temor a las depredaciones de los bandidos..."
Usted puede obtener este libro en: www.ellibroviejo.com
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